octubre 15, 2014

Las pecas monocromáticas de mi alma.

Si te fijas bien entre mis letras, te darás cuenta de que estoy escribiendo con las vísceras.
Que he subido a Internet mi suicidio, homicidio, asesinato, parricidio - o como sea que le quieras llamar- al Youtube y a mi blog.
Que después de 24 años por vez primera me había dejado de morder las uñas hasta destrozarme.
 Y que hoy por primera vez me me rompí las diez uñas en una pelea casera. 
Los aplausos con los que te pagan cuando sacrificas una parte de ti.
Voy a calcinar la proximidad que queda entre nosotros porque analizando detenidamente ahora recuerdo hasta la posición premeditada que ensayaste mil veces frente a mis narices para cuando me traicionaras.
La pena de muerte que enfrento por alzar la voz y expresarte mi odio. 
La pena de muerte que enfrento por haberme enamorado, por haber adoptado este cuerpo.
La pena de muerte que enfrento por haberme atrevido a perseguir mis sueños.
El escarnio político en mi cama cuando me descubrí arruinando los neumáticos de mi auto porque sabía que en breve manejaría en la carretera de la muerte hacia la nada. 

Gracias papá por haberme acompañado el día de mi boda del brazo hacia la guillotina directo a que me azotaran y me cortaran la cabeza.


Todas las veces que he tenido que estrangularme con mis propias manos para extorsionar a mi cerebro y obtener algo de poesía.



Los cadáveres en el suelo, la sangre purpura que corre y los tacones que me diseñó especialmente el carnicero y que uso para no mancharme los pies.

¿Te parece hilarante?
Hoy le has prendido fuego a mi casa por teléfono. Pero qué bah, qué importa, me has dado un maldito ticket de cortesía al siguiente nivel metafísico. Ese, donde no necesito 8 metros de tus intestinos para atar cada una de tus manos y tus piernas a la parte trasera de un auto y conducir hasta las tierras de nadie...